Siempre fue cuadrado y, aunque tuviera cuatro ángulos rectos, siempre le dijeron obtuso. Al menos hasta que la conoció, después de eso él y ella se pusieron cuadraplégicos a navegar hirsutos de bonanza y kashmir, a boicotear picos de arancel y balar pirotecnia embalsamante. Calaron entremecidos los balines de los hisopos y marmotearon falsiformes los cubículos antroposóficos. Arremetieron esdrújulos contra el vitiligo diario del circulo hexadecimal y pospusieron la reversa hasta que las perséfones no bramaran más. Bebieron transgénicos de código minificado, redundaron en lava transparente de llamas cotorras, traspapelaron el monasterio de caleidoscopios ciegos; se parieron el uno al otro entre amnistías calcinadas hasta que todo se tornó madera albina de ébano pacífico.
Al transcribir los años que no pasaron y los momentos que se repitieron ella se disolvió, o se murió, o se extravió, o se inmoló, o todas las conscripciones previas.
Ahora a él no le queda ni un ángulo, ni un motivo, ni un tamal mal amarrado; sólo un pensamiento color orín con un par de líneas desdibujadas.
Obtuso
No pares, ¡sigue leyendo!
Hicimos todo mal. Todo mal hicimos
Hicimos todo mal. Pusimos unas palabras arriba de las otras, cruzamos nuestras manos y nos miramos fuerte. Nos miramos tan fuerte que no…
Mi mente usa zapatos de tacón
Te llaman mis fantasmas intersticiales, mi bostezo entre las piernas, mi negro musgo de esporas inefables. Te llama la noche que gotea entre…




