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Ofrenda

… y así amaneció, con sus piernas abiertas sobre la sábana papel picado, y su sonrisa tan calavera y su perfume tan cempazúchitl …

Lleguemos a un acuerdo, tú me lees, yo te escribo.

«Había noches en que todo el mundo estaba como esperando algo y yo me sentía como un nómada fracasado, de esos que van a todas partes sin llegar a ningún lado.»

Escribo «adios» sin acento para que no suene a despedida.

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No pares, ¡sigue leyendo!

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