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Párpados blancos

Deja la realidad de tus ojos colgada de un andamio con jirones de mi cuerpo.
Purifica la atmósfera con mi sangre petrificada, llora con el cursi corazón que te obsequié impreso en una realidad perfecta.

Dibújate imperfecto… entrégate al vacío de lo inesperado.

Deja de ver la realidad de tus ojos y ve con mis sueños cómo te observan mis huesos.
Deja la realidad a un lado. Levántame del sueño, que relativa estoy de pie.

Deja la realidad de tus ojos, engaño consciente son de mi ceguera, de la locura de perderme en tu cuerpo de materia inexistente.

Deja la realidad de tus ojos para aquellos que dicen estar tuertos, para aquellos que no te crean, para aquellos que dicen ver.

Deja la realidad de tus ojos, que mis párpados blancos te mostrarán la realidad que aún no entendemos.

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Avin
Escritora. Bruja de oficio, cocinera de palabras por accidente. Cambio de color todo el tiempo porque no me gusta el gris, un poco sí el negro, pero nada como un puñado de crayolas para ponerle matiz al papel. A veces escribo porque no sé cómo más decir las cosas, a veces pinto porque no sé como escribir lo que estoy pensando, pero siempre o casi siempre me visto de algún modo especial para despistar al enemigo. Me gusta hablar y aunque no me gusta mucho la gente, siempre encuentro algún modo de pasar bien el tiempo rodeada de toda clase de especies. El trabajo me apasiona, los lápices de madera No. 2 también; conocer lugares me fascina y comer rico me pone muy feliz. Vivo de las palabras, del Internet y de levantarme todas las mañanas para seguir una rutina que espero algún día pueda romper para irme a vivir a la playa, tomar bloody marys con sombrillita y ponerme al sol hasta que me arda la conciencia. Por el momento vivo enamorada y no conozco otro lugar mejor. El latte caliente, una caja de camellos, una coca cola fría por la tarde, si se puede coca cola todo el día, y un beso antes de dormir son mi receta favorita para sonreír cuando incluso el color más brillante se ve gris. La Avinchuela mágica.
Ilustradora. Vendedora de sueños, trompetista en el circo de la mariposa, a veces maga. También pinta y hace flan.

No pares, ¡sigue leyendo!

Mein Gott

Grasa

—¡Mein Gott!—me decía— ¡Mein Gott! ¡Qué desagradable mujer! Ah, pero cómo la amaba. Nada me hacía más feliz que saber que no sería…

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