Párpado prófugo, déjame dormir. Sólo me da vueltas en la cabeza. Una y otra vez. Lo mismo. Si hubiera pensado otra cosa. Si lo hubiera hecho distinto. Pero no podía decirlo. No supe cómo. No encontré las palabras. Y la voz está hecha de palabras. Era como si tuviera la garganta cortada. Y sólo lograra vidrios rotos. Ahora todo es contención. Impulso retenido. Vidrio restaurado que aún deja ver todas las grietas. Y por ahí se cuela el aire. Buscaba un gesto. Un beso. No había. Estiré la mano. Sólo aire frío, sin ráfagas, sin oxígeno, sin aire. Sólo pienso en eso. Cada neurona invadida. Suéltame. Y nada. Un cuerpo inerte. Lleno del mismo pensamiento. Pensamiento que me curte la carne. Y nada brota. Nada nuevo. Nada. Abro la mano y los ojos. Quiero soltarme. Pero los dedos se resisten. Es la costumbre. Siempre vuelve la costumbre. Y así son las cosas. No lo podía decir. No podría. Y de eso depende todo cada día. Pero no.
No pares, ¡sigue leyendo!
El Coronel de mi Hambre
Voy a escribir tu epitafio para firmar con mi nombre tu muerte. Eso fue lo último que me dijo. Era un pajarraco insufrible…
Partículas de ausencias
En realidad, eso que llamamos vacío no existe. Todo se encuentra invadido por pequeñas partículas como protones, neutrones, electrones, bosones de Higss y…
Bienvenida
En el preciso momento en que has cerrado los ojos y ni el más ligero goteo de luz entra por las paredes de…
Brillar en sociedad
Es de las que se mueve y deja caer flores de encaje. Su paso es magistral. Es la apetecible compañera que se acopla…




