Skip to content

Sin título

Creo que debí haber muerto hace años, cuando mi muerte hubiera resultado mínima, insignificante, vacía, silenciosa, anónima, olvidable.

Debí haber muerto cuando todavía nadie se había alimentado de mis pechos.

Lo sabía. Sabía que cada titubeo con la navaja me volvería eterna, que cada despertar agónico le dejaría libre el camino a la existencia.

Debí morir antes, cuando todavía no existían para mí los otros, los testigos, cuando no había más manos que mis manos, más uñas que mis uñas.

Y es que fui cobarde, quise morir mil veces y mil veces desperté preguntándome qué se necesitaba para perderle el miedo a la libertad.

Toda la vida he querido matarme como única forma de hilar mi propia piel y mi propia luz.

Ha sido triste andar el camino, ese camino que creí elegir cuando en realidad me fue impuesto, curiosamente impuesto en cada paso que pude haber evitado con tan sólo morir o no nacer.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

No mentirás

Esperanza

Mientras usted se quita el abrigo y deja a un lado su paraguas, le doy la bienvenida a este templo. Verá, el templo…

Posmodernidad

Desafío

Todo es posmo. Hoy es posmo. Posmañana, posTierra, pospersona, posponerse de vuelta en la calle con tal de tener algo que defender. Poslucha,…

Las verijas de Scheherezade

Tempestad

El mismo vértigo que sentirías en el barco de Sinbad atravesando las suntuosas olas del mar de la India en una tarde intestina…

Volver arriba