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A Kassandra

Kiosko atravesado por la lluvia,
así eres:
silencio de colores en una jaula de viento,
silbas y los astros detienen su danza
únicamente para vestirse por tus ojos.

Kassú déjame contarte una historia.
Amanecen los días soleados en marzo.
Si pudieras ver cómo el naranjo
suspira, haciendo crecer para ti sus flores
amarillas y blancas por todos los sembrados.
Nadie sabe para quién son esas flores,
días se han pasado en la duda,
resignados «los que preguntan» decidieron
apartar de sus ojos impacientes las blancas y amarillas flores.

Me enseñaron a escribir y a contar desde los tres años con ayuda de naipes, corcholatas de colores y revistas de ciencia.

Mi televisión (de esas grandotas de madera ) no se veía, así que tenía que imaginarme lo que sucedía adentro, ¡oh imaginación!

La poesía es como un sol, adentro, único y salvado: respirar de sus manos amigas, como de pájaros azules que se vuelan por el cráneo, pisar el pasto seco y el aroma acuarela de los mercados, decir con sus jaulas las negras olas desnudas que me toman por el brazo; el sol ondula por encima, como un pálido disco blanco enjuagado. Cuando no trabajo en mi laboratorio me gusta salir a caminar mucho y visitar el océano, ¡ah! y los efectos psicodélicos de las guitarras jaguar.

Me gustan las puertas viejas y vencidas, los paseos sin sentido y el viento en la cara cuando voy en moto. No me gusta cortarme el cabello.

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