Skip to content

Algunas sí

Regresé de mis pensamientos justo cuando dijiste:

—Siempre estás como en otro lado.

Y no sabía a qué te referías. Bueno, sí sabía. Pero confiaba en que nunca lo ibas a notar.

Seguías creciendo, seguías floreciendo y trascendiendo a nuestro otrora espacio de seguridad e inmunidad. A nuestro inquebrantable escondite.

Tus ojos azules eran como un lejano faro. Yo lo odiaba. Lo odiaba porque me advertía de la nueva distancia entre nosotros.

Encerrados en nuestra seguridad pero tú viéndolo todo diferente.

Por fin pude vencer al miedo. Salir a saludar a la vulnerabilidad de estar vivo.

Tomé el primer objeto punzocortante que encontré en esta espesa obscuridad mientras afuera buscaba a tientas la parte más frágil de tu fisonomía.

Yo siempre pensé que las flores no tenían huesos. Siempre estoy como en otro lado.

 

Escritor. Hombre bueno, de mal genio. Escribo, leo, vendo, imagino y fumo cosas.

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

BFF (Best Friends Forever)

Amor y amistad

Esta es la historia de Andrea, una bailarina de 18 de años que vive sola en la ciudad. Todos los días al salir…

Notas para una teoría sobre tocar la puerta de un desconocido

Llamada

Siempre creí que la arquitectura de una vivienda revelaba mucho de quien la habitara. No sólo el tamaño, el color o la forma;…

Volver arriba