Saltear al contenido principal

Anticipación

Esa línea de la mano decía tu nombre, pero yo ignoré aquel presagio y enterré tus huesos en mi lecho construido con cenizas. Fue un dolor que redimió la agonía triste de todos los inviernos. La última llama que aleja a las bestias malditas de todas las noches, de todos los tiempos.

Esa mano era una línea de presagios, ignoré tu nombre y enterré el dolor en mi lecho de huesos y ceniza. Redimió el invierno esa agonía de todas las tristezas. La maldita noche de los tiempos como una llama que se aleja. Una bestia enterrada en el invierno.

Esa noche era una mano con tu nombre, un tiempo triste plagado de dolores malditos como cenizas y agonías que redimen. El último hueso de bestias enterradas en las llamas. El invierno construido de presagios.

Ese presagio era un lecho de cenizas. La llama maldita era un invierno triste, de bestias redimidas. Una línea en la noche de los tiempos que se alejan.

Ese nombre era una mano triste. La línea de presagios malditos, última bestia de un invierno construido de cenizas.

Esa llama era una presagio en la línea de tu mano, un dolor de noches y lechos redentores. Una maldición de huesos que se alejan.

Ese lecho era el presagio de tus huesos, una bestia con tu nombre.

Esa noche era ceniza de tiempos malditos.

Loading
Andrés Márquez
Escritor. Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Obtuvo el premio José Emilio Pacheco, en el área de poesía, así como la beca Edmundo Valadés para publicaciones independientes, en 2004, 2005 y 2009. Actualmente es editor de la gaceta de literatura y gráfica Literal, y de sus distintas colecciones.
Ilustrador.

No pares, ¡sigue leyendo!

Dos ciudades

Ciudad

El DF no es una ciudad hoguera, aunque por las noches se alumbre a sí misma con la refulgente cualidad del fuego. Es…

A Kassandra

Aparato

Kiosko atravesado por la lluvia, así eres: silencio de colores en una jaula de viento, silbas y los astros detienen su danza únicamente…

Al muro en sus labios

Pena

En ella vio las mismas sombras, hablaban de los mismos fantasmas. La misma acidez patibularia cada vez que se sentaban a la mesa…

Volver arriba