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Breves lecciones para reprimir un suspiro (o de cómo sacarle el aire a un recuerdo)

En el jardín de mi habitación viven 5 violetas; el rosa y el blanco combinan sus tonalidades para darles color. Sólo una de ellas es de un morado intenso. Además de ser la primera habitante de ese campo local, es con la que más me acuerdo de ti.

Solíamos caminar por el centro y llegar a los límites de mis recuerdos, atravesábamos tus planes que encontraban un camino para llegar a los míos. Ese mapa que parecía estar lleno de coordenadas lo interpretabas con tal precisión que encontrabas la palabra exacta que faltaba en la frase de mi cabeza.

La primera de esas noches de paseo me platicaste de las violetas, de una idea que habías leído del libro que apenas a mí me había dado curiosidad. En ese momento no le tomé importancia. Meses después una necesidad crecía en mí. En cuanto la vi, supe que tenía que estar cerca de esa flor. Es con ella, con esa violeta, con la que me acuerdo de ti.

Fue en la universidad donde encontré lo que compartimos: el gusto por las letras. Ese gusto se intensificó cuando diagnosticaron mi estructura: ‘caja de muñecas’. Un par de años después me encontré contigo. Mientras yo hablaba del café, tú ya lo habías servido. Para este momento no sé si hablo de ti o de mí o de aquella vez cuando comencé a comer de tus anhelos.

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Érika Anallely
Escritora. Escribe para no olvidar(se). Escribe recordando que las letras divagan entre libros e imágenes, por eso se apresura a aprehenderlas. Escribe porque le atraen los instantes. Escribe porque le desespera esperar. Escribe aunque su letra sea todo menos bonita.
Ilustrador. Experto en tratar de ser experto en algo desde 1989. Fan del sarcasmo. Aficionado de los dibujitos desde que se enteró de que podían hacerse con un lápiz. Un día descubrió que era capaz de transformar letras, palabras e ideas en trazos y colores. Desde entonces decidió no dejar de hacerlo. Mi lápiz y el papel son más eficientes que mi capacidad de expresión oral. Diseñador Gráfico de profesión e Ilustrador en constante aprendizaje y crecimiento. Pues aquí nomás haciendo unos dibujitos.

No pares, ¡sigue leyendo!

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