Skip to content

La caída de un veinte

Para los demás su obra era perfecta, pero él sabía que eso no era posible.

In ilo tempore, todo era origen y fin: ahí pues la perfección.

Y mientras pensaba y pensaba, por un instante se sintió acogido por una certeza: en efecto, Dios había muerto; pero no por olvido, sino porque se había suicidado. 

Si mi obra fuera perfecta la habría firmado con mi propia sangre, pero sigo aquí, aquí que recién descubro que no soy Dios; que no estoy muerto.

Escritora. «Larga y ardua es la enseñanza por medio de la teoría, corta y eficaz por medio del ejemplo.» –Anónimo

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Claustrofobia

Carnada

Alea jacta est Cuando cerró la puerta se dio cuenta de que se había orinado en los pantalones. El pequeño clóset olía a…

Zona franca

Aparato

Cuando recién llegaron a la Tierra un problema en el aterrizaje dividió la cápsula en dos partes y lo dejó sin comunicación, perdido…

Otro cancerígeno texto de amor

Humo

Quisiera ser un cigarrillo atrapado entre tus dedos, abrazado por tus labios mientras inhalas con el ansia de un vicioso todas mis entrañas…

Volver arriba