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Niño Santo

Cuando lo sentí fue como si el mundo se ralentizara a mi alrededor. Todo se movía tan lento que las imágenes parecían congeladas, atrapadas en instantes en los que miles de sentimientos y sensaciones bailaban por toda la atmósfera abriendo infinitas posibilidades, destellos de otros universos.

Tomó el control por completo. Primero vi que instauró su régimen por un tiempo indefinido, un tiempo sin tiempo en el que nada parecía ceñirse a las normas que conocemos como realidad. Mi mirada se perdió apenas probar el primer trozo, ácido, de textura rugosa, mágico. Una espiral de colores imposibles se abrió ante mis ojos y sentí que me tiraba del cabello para meterme de lleno en ese vórtice imposible en donde mi cuerpo se fragmentó partícula a partícula para viajar a aquellos lugares que nadie jamás había visitado o conocido, lugares que sólo habitaban en mi mente, en mis realidades creadas en horas de soledad y tristeza.

Alcé la mirada y vi cómo su pequeña sombra se proyectaba en el pavimento inundado de reflejos lunares. El Niño Santo conducía mi cuerpo, mi mente, mi espíritu. Mi voluntad no me pertenecía más. Ahora sólo importaba lo que él decidiera y había decidido arriesgarse, ir más allá, abrir las cuerdas del tiempo y enseñarme el porvenir. Abstraído, únicamente podía dejarme llevar. Vi cómo mi vida terminaba y comenzaba de nuevo en infinitos bucles, bucles que se entrelazaban con otros universos, bucles que terminaban demasiado pronto muy tarde.

Al despertar vi el cielo estrellado en el desierto y el último trozo que me había dejado el chamán. Pequeño, menudo, casi insignificante, pero con el poder suficiente para hacer regresar al Niño Santo.

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Escritor. Es padre de una pulga atómica y huérfano de un niño que era demasiado bueno para estar en este mundo. Ateo por convicción y no por moda a pesar de la insistencia de el Diablo por acercarse a Dios, consumidor compulsivo de música y lector voraz por temporadas. Actor truncado convertido en pseudo-cinéfilo que evita las películas sin contenido, disfruta de las comedias ácidas y rehúye el cine gore. También disfruta de aquellas comedias románticas en las que todos son felices por siempre jamás (iluso). Tiene noches de insomnio involuntario, sobre todo cuando el peso de la vida le parece excesivo para llevarlo sobre sus hombros. Paciente rebelde que tiene miedo de tomarse las pastillas (cree que pueden volverle una persona cuerda). Rockstar frustrado, y escritor que vierte lo que piensa y siente en cualquier papel que se le ponga enfrente. Si les interesa conocerlo, amarlo, odiarlo, despreciarlo, etiquetarlo, felicitarlo o consumirlo, sólo tienen que leerlo.
Escritor/Ilustrador. Diseñador gráfico alma vendida, hedonista de bolsillo vacío, activista de la pereza y los vicios solitarios, nacido en tierra de nadie Santiago de Cali, prosperó en la vida alegre y fue criado en modo experimental, casi como un hámster de ritmos tropicales, con la ternura y los dientes necesarios para dar un par de puñaladas de cariño y el justo pelito afelpado de la embriaguez. Cree que el juicio es una trampa, la cerveza es una dicha y el humor confunde al tiempo; cree que el dinero es para los amigos, los genitales para el viento tibio y un vaso de licor con hielos para mantener el equilibrio en cualquier ocasión que valga la pena. Dibuja desde siempre, con disciplina de borracho -tinta y mugre- y nunca termina nada, no sabe de finales ni de principios ni de la ciencia exacta del éxito. Pero sabe caminar por ahí, encontrando compinches que han iluminado las vueltas de su vida, y le escuchan sus teorías de viejo impertinente, iconoclasta y prostático, a cambio del poco tiempo que nos queda. Amén.
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