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Los hay negros…

¿Y para qué un auriga? El deseo no llegará lejos, será vaivén y una indecisión postergada. Pies suspendidos, aterrados de contacto, anclados en la inmovilidad de los violentos vientos que le robarán sus alas. Una grafía de tierra de cuyo reino la gravedad fue expulsada. No hay más que ceguera a contagios, el plomo en las profundidades de la tierra —lejos de los silenciosos pasos sin dios y sin altura.

¿Gobierno al caballo, en otro tiempo desbocado…?

El ojo a la tierra, la mirada se encuentra con las alas rotas, recorriendo la agonía del gusano al que le nació el cielo con el vuelo que se sentía respirar. A veces no es cosa de querer respirar, el destello nos regala aire y algo nos respira, el aire penetra el cuerpo y le presta vida: no hay jinete.

Nacidos de la ceguera y el azar que germina, en el camino las alas nos crecen, a veces súbitamente el viento las roba, de vez en vez, el éxtasis del contacto las expande, los ojos fatigados de insomnio, volvemos a nacer con el cuerpo clavado en la arena, asfixiados de túneles y laberintos.

Los hay negros, como nubes cargadas de insomne y húmeda pesadumbre; envuelven y devuelven fardos pasados. Penden sobre nosotros y los pasos, gravitan inmóviles. Se enrollan y no tienen la fuerza de quebrar los diques que oprimen, la exhalación no libera, y el tiempo se clava en el cuerpo sin deslizarse.

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Escritor. Sirocco es una agitación, un temblor, viene del desierto y de la mar. Susurra su camino al oído de la arena, allí deja su huella y presagia vida, pues en su camino respira el agua y le regala oleaje. Sirocco es movimiento, grito del silencio, fértil aridez que acoge las voces de todo, animado con su aliento. Así la tinta, como Sirocco en la arena, deja rastro. Sirocco un viento marino que escribe en el papel de las aguas, revela los trazos de la vitalidad, esa sorpresa del ojo ante el resplandor del rayo que penetra la espesura de la tormenta de arena; recuerda que hay que respirar, detenerse, ver y sentir, para seguir… Con la tinta, el barco ancla, se detiene en la mar, y llega a la luz el fondo; a veces, el surco sacude como un temblor y con la fuerza de un naufragio lleva a profundidades oscuras, donde habitan desconocidos seres marinos, terribles e inmemoriales. Sirocco es un nombre para la escritura de agua y arena, un nombre para ese rumor de trazos, en el sendero de la ventisca; Ella es un modo de conciencia, un caudal de sensación que se hace imagen. Por Él, ese viento del desierto, la arena se humedece de sal y la tierra transfigura semillas: magia alquímica, de metamorfosis y transmutaciones.
Ilustrador. Ilustrador amateur de tiempo completo.

No pares, ¡sigue leyendo!

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