Skip to content

Minué

Muros de cemento, paredes de plexiglás, torres de iluminación, cámaras invisibles, compuestos químicos patentados, la industria de 200 años y la moneda de crédito infinito nos protegen. Nos protegen del desierto, de la nieve, del hambre, de la noche, de la naturaleza y las enfermedades. Protegen la vida sobre ruedas, la infancia catatónica y digital, los antojos burgueses, la gula, los ascensos corporativos, el amor y el odio, los derechos humanos, los izquierdos psiquiátricos. Nos protegen de la muerte, del aburrimiento, de la vida, del futuro. Estamos tan bien protegidos que cada adulto, cada anciano, y cada vez más jóvenes se aferran a ese hilo traslúcido y obscuro de la esperanza. Un hilo que no atraviesa paredes sino que se levanta concentrado hacia el cenit: la esperanza de que el último respiro no signifique el fin.

 

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

Persecución

Ansiedad

Sucedió de repente al doblar la esquina. Ahí estaba aquella horda de locos, armada con palos y todo tipo de artefactos lesivos. Apenas…

Piloto automático

Aparato

Se encontraron una semana de tres domingos, y al segundo abrazo nadaban a la deriva. Una marea desenchufó los cables del pasado, y…

Volver arriba