Muérete, le dije a la panza de mamá antes de que nacieras. Y tantas veces rabiosas te quise muerta. Perra. Yo decía, muérete, por mis rastrillos rosas robados. Y tú, las piernas te rasurabas. Muérete, por los vestidos usados y, sin mi permiso, tomados esclavos. Muérete también por los novios bajados. Tú y siempre tú, la más linda del condado. Nos odiamos, nos gritamos, nos escupimos, nos peleamos y no nos procuramos. Muérete por el tiempo perdido. Muérete por los abrazos no dados. Muérete por haberte ido. Muérete por tus patas húmedas sobre mi cara cuando dormíamos en la misma cama. Muérete hoy y mañana y pasado mañana, y así sucesivamente hasta volverte a morir. Muérete cuando despierte. Muérete cuando me duerma. Muérete en mis sueños, en mis mañanas, en mis baños, en mis manos, en mi nuevo trabajo, en mi rutina de ejercicio. Muérete en los ojos de mis hijos. Y muérete, pero bien muerta, en cada rincón de mi casa, y en cada parte de mí y de mi vida, y en cada uno de mis segundos restantes porque así voy a recordarte. Ojalá no te hubieras ido, pero ahora que lo hiciste muere eternamente para mí hasta que muera. Y sólo entonces, muertas las dos, deja de morir para pudrirnos juntas.
Adan Brontis
Soñador. Escritor con los ojos abiertos. Mirada en la espalda. Aprendió a vivir las calles, los buenos tacos y el sudor de las mujeres. México es un puñal clavado en su espalda.
Después de la esperanza
Volverá el silencio y, peor que si estuviéramos muertos, va a olvidársenos que alguna vez caminamos bajo el sol respirando un aire de…
¿Por qué no te callas?
A veces siento que he vivido otras vidas Pero es sólo que me gusta pensar que no me limitan estas manos y esta…
Me das fuego por favor
Emerger como un héroe a través del humo de tu cigarro, agitar esas tristes aguas de los bares olvidados antecedido por una brasa…
Cogido por el sedal
Las palabras te crecían como el cabello. Podía ver cada hilo brillando de elocuencia, tejiendo esa red armónica en la que yo caía…




