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No es hambre, es amor

A mi cariño que todos las mañanas me levanta con un beso.

Pareciera que no he comido en meses. Todas las mañanas me levanto con un hueco terrible arriba del ombligo; es como un vacío, un vacío que no llena ni el pan.

Mi abuela decía: “Está enamorada, por eso está tan flaca”.

Mi madre decía: “Seguro tiene bichos, por eso come y come y no engorda”.

Me recuerda que cada que pienso en ti me como un chocolate, nomás para sentir el placer, porque me gusta pensar en ti.

¿Será que el amor te quita el hambre? O ¿será la angustia de saber que te amo y que algún día, sin querer, podrías irte lejos y dejarme, entonces sí, a punto de la muerte?

Aún no logro relacionar el vacío, sólo sé que desde que te veo, el hueco se llena de mariposas y revolotean tan fuerte que hasta ganas de vomitar me dan. Curioso caso que el estómago y el corazón se lleven tan de la mano, y ¿a quién le haces caso?

Pues ni al hambre ni a los bichos, este vacío sólo se llena con amor.

 

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Avin
Escritora. Bruja de oficio, cocinera de palabras por accidente. Cambio de color todo el tiempo porque no me gusta el gris, un poco sí el negro, pero nada como un puñado de crayolas para ponerle matiz al papel. A veces escribo porque no sé cómo más decir las cosas, a veces pinto porque no sé como escribir lo que estoy pensando, pero siempre o casi siempre me visto de algún modo especial para despistar al enemigo. Me gusta hablar y aunque no me gusta mucho la gente, siempre encuentro algún modo de pasar bien el tiempo rodeada de toda clase de especies. El trabajo me apasiona, los lápices de madera No. 2 también; conocer lugares me fascina y comer rico me pone muy feliz. Vivo de las palabras, del Internet y de levantarme todas las mañanas para seguir una rutina que espero algún día pueda romper para irme a vivir a la playa, tomar bloody marys con sombrillita y ponerme al sol hasta que me arda la conciencia. Por el momento vivo enamorada y no conozco otro lugar mejor. El latte caliente, una caja de camellos, una coca cola fría por la tarde, si se puede coca cola todo el día, y un beso antes de dormir son mi receta favorita para sonreír cuando incluso el color más brillante se ve gris. La Avinchuela mágica.
Ilustrador. Lo que nos da la propiedad de reyes o reinas es la vida misma y el hecho de que la vivamos personal e individualmente aun cuando sabemos que somos parte de un todo, aun cuando en los momentos más oscuros nos consuele saber que nuestras oscuras preguntas estén en la mente / espíritu / alma / esencia de otros. Esa virtud innata de vivir es fuertemente enriquecida con la virtud de dar vida, de ser nosotros mismos canales para la creación de nuevos mundos que se impongan a la cuestionante y finita realidad. Es allí donde creo confluir con este proyecto de creación colectiva, donde los ríos se cruzan aumentando su caudal para simplemente seguir irrigando (sí, también, por qué no, hasta llegar al mar).

No pares, ¡sigue leyendo!

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