Abuelito, para cuando escuches esto yo ya estaré bien muerta. Seguro te estarás preguntando por qué tengo esta voz de pito. Soy yo, Xime, aunque me escuches así, sólo que aspiré un poquito de helio para que mi voz no sonara tan grave. Han pasado ya cuatro años desde que mi abuelita murió. Yo sólo quería que disfrutara de un buen vaso de leche fresca. No he podido dejar de pensar en la tristeza que debe embargarla estando allá tan solita. Cuida mucho a Jack,; no se te olvide darle de comer. Nos vemos, abuelito, me voy a alcanzarla. Sólo una última cosita: haz que me entierren como si me hubieran envuelto para regalo, tal como hicieron con ella. No me metan ustedes en un ataúd. «Dios ya me regaló la vida, Xime linda. Ahora a mí me toca regalarle mi muerte».
Rebil-Coret
Escritor. Se dedica actualmente a hacer sándwiches con el cubre y porta objetos. En el laboratorio analiza muestras de su propia saliva para observar paisajes que luego describe literariamente.
La niña mía
La amé como se ama lo inefable, como se ama a una virgen o a una promesa. Sentí por ella todo lo que…
Que se quedara conmigo
Yo sabía que llegada la mañana tendría que irse. Seguramente tomaría sus cosas y, tal como llegó esta misma noche, cerraría la puerta…




