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Hambre

Sé que te conviertes en pájaro. La maestra me lo contó la primera vez que me acerqué a ella. Supo de mis sentimientos hacia ti por el simple hecho de llegar a buscarla. Tú fuiste su aprendiz favorito. Primero me enseñó a esperar, luego a confiar y finalmente a callar. Estoy acurrucada en el árbol de nuestros sueños. Pido que se manifieste mi guardián. Es de noche y hace un frío de los mil carajos. Tengo la mirada triste y lo sé porque vibra despierta e incandescente una necesidad insaciable de ti. Una loba llega a mi pecho, no sé si es un sueño pero la bruja me habló de esto: sabía que sería un ser pesado de la tierra y empapado de instintos… El momento sagrado, el encuentro. Me brinda su nombre a cambio de mi promesa de silencio eterno. Acepto porque sé que estoy lista.

Se desborda, gruñe, lucha, brota en mi carne hiriéndola de muerte. La sed con la que despierto te busca como un bálsamo. Llego a donde sé que estarás. Me esperas y te miro. Tú tan fiel como la promesa del amanecer. Me acerco, me abalanzo, me alimento. Y no es por tu carne de dulce pajarito por lo que enloquezco, es por tu alma libertaria de la que siempre fui carente… por tu espíritu de guerra y de paz… Todo lo que aun ahora se me escapa.

 

Ilustradora. Conejo con disfraz humano; el disfraz se dedica a comer, dormir y cagar. Como actividad extracurricular hace teatro, danza, yoga, escribe y pinta… Pero el conejo Randy sólo tiene dos preocupaciones en la vida: que no se acabe el agua y que no se extingan las abejas. Por lo demás, sabe del apocalipsis venidero y lo toma con la mejor filosofía taoísta: aprender a desaprender, guardar silencio y esperar.

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No pares, ¡sigue leyendo!

Carta hallada en el domicilio Real Jardín, número 14, Puebla de los Ángeles

Pena

Me apena mucho dirigirme a usted por medio de esta carta, esta declaración que nace de la necesidad de contarle lo que siento. Yo, que poco sé de cómo hablarle a una mujer de su condición, tan elegante y fina pero principalmente tan hermosa. Sé que en el momento en que reciba estas palabras, sentirá que de nada valen los intentos que desde el mes de mayo he realizado para poder platicar con usted. Pensará también que aquella tarde junto al portón de Morelos nada representó para mí y que mi vida ha sido la misma. Y no la culpo, pues mi cobardía de buscar los medios para acercarme a usted muestran indiferencia y no son dignos de un hombre.

Dinero mata cajita

Primero fue el texto

Una mañana me cansé de ser pobre y decidí correr a casa para romper el marranito que con cariño me había regalado la…

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