Skip to content

La puerta del conde que mató a la princesa

Ella abre la puerta, entra y la cierra. Lo mira directo a los ojos sin pronunciar palabra. Frunce un poco el ceño, recriminando su actitud.

Él ahí sentado tomando cerveza y ella que recién llega del trabajo. Él con su estúpida idea de escribir. Él, que piensa que la vida es una sola y hay que vivirla sin reparos y de manera siempre optimista. Él, a quien no le importan las emociones ajenas ni entiende las lágrimas, la desconfianza o el dolor emocional. Él el frío, él el ausente, él el egoísta.

Tuerce la boca en una mueca de incontenible desprecio, suelta el picaporte y se dirige muda a encerrarse en la habitación.

Él, sabiendo que se introducirá en una zona gris de insondables letanías, la sigue de inmediato.

Tras ganar su primer premio en efectivo, cambiarlo por brandy y cerveza y beberlos con sus rivales, descubrió su pasión por las letras y que la sopa en realidad sí es un buen alimento ...

Anterior
Siguiente

No pares, ¡sigue leyendo!

En la mitad de la plaza

Confianza

En la mitad de la plaza de una ciudad que parece desierto, se despierta con un niño en el regazo. Hace un esfuerzo…

Aforismos para aprender a esperanzarse

Esperanza

[...] la madreselva se siembra sobre los sepulcros y penetran sus raíces hasta llegar al cadáver, y cuando ya nada queda por devorar,…

Volver arriba