Una larga serie de curiosidades
Se reunieron en la única tarde soleada de aquel invierno. Beatriz había pasado su día inmóvil, sentada en la banca más solitaria de un parque en el que se encontraba por primera vez como si hubiera estado esperando otra oferta…
Sublimación
Compraba libros de escritores que no te cansabas de elogiar. Los leía esperando que las entrelíneas fueran esa plegaria que haría realidad el milagrito. Mi teléfono nunca sonó. Dejé a un lado los vicios del cuerpo bajo la promesa de…
Ensoñación
La poca inspiración bloqueó su creatividad. Tuvo que tomarse un tiempo libre. El destino no fue el idóneo, la zona árida donde vacacionaba le causó bochornos que le impedían descansar. Después de largos días y noches, pudo conciliar el sueño…
Canto solar
Lo sé amiga lo sé amigo lo sé padres Que no sabrán dónde mis enemigos han dejado mi cabeza Que mis huesos no descansarán bajo una piedra con mi nombre Ni habrá monumento que recuerde mi valentía Que quizá ninguna…
La invención del yo
Piel de tigre en cuerpo de cordero. Una tipilla queriendo dominar sus instintos. Fieras, cazadores, hipócritas, víctimas o débiles. Fractales. Existen al menos unos cientos de miles de opciones en las que el azar impedirá que se replique tu información…
El mes equivocado
A Sylvia Plath Le escribiste a la muerte en el mes equivocado. A lo mejor cerraste los ojos para distraerte con la velocidad de las nubes. Era invierno, no verano, aunque la naturaleza, incluso en casa, tenía cierta violencia. Quizás,…
Claro de sol
Para ese momento, el fuelle del pecho se despegaba en un delirio. Probablemente —no podría saberlo— tendría dos costillas rotas, quizá la nariz, quizá ya habría perdido algún diente y el derrame en el ojo ya se escurriera de la…
Agualumbre
Acompañada de noche y sombras hago refugio de sábanas y reviento anhelos en soledad. El luto dejó estrías en la carne y fósiles en la entrepierna, pero hoy la luna me persigue húmeda y se desnuda, lúbrica, entre mis manos…
Valle de bravos
–No mames, está delicioso. O tro ni vel pa pá. –¿Te sirvo otro? –Mejor un abogado, mirrey. Los burócratas luego me indigestan. –Uta, qué delicado… –Mi Mike, ¿te encargo un mercadólogo bien dorado? –Cómo no, papaloy. ¿Marinado o natural? –Marinado,…
Oda a la calentura
No logro entenderte. Fue hace un par de ocasos cuando salí a caminar y, al momento de querer compartir mis ideas con alguien, mi garganta se irritó y no pude hablar. Sin saber si era el clima o mi poca…
La semilla del canto de fuego
El nuevo traía otra escuela. El primer día de clases llamó la atención de un codiciado grupito de alumnas, lo que provocó una exponencial reacción en cadena. Su nombre: Bibiano Dos Santos, una suerte de rebeldía viviendo todas las edades…
El calor obedece al invierno
Me encuentro sentado en el sillón, apretujándome contra uno de sus brazos, la única zona olvidada por la luz. Un rayo de sol toca la punta de los dedos de mis pies, calentándolos. Hacen 38 grados y las gotas de…
Tic tac toc
Lleva por dentro un termómetro nuclear. La marca trepa poco a poco la escalera de números y rayas negras. La noche con enfisema lo abriga de lana obscura. Los postes se inclinan y queman su frente. El tráfico incesante lo…
A piernas abiertas
Llovió hoy por la tarde y ya sabes cómo alborota eso el calor. Ha hecho tanto que en estos días no se puede hacer más que abrir las piernas y dejar que el aire corra ligero por debajo de la…
De pocos amigos
Era de pocos amigos y ahora traía a uno en la cajuela. Se estacionó. –Un café muy caliente. –Hola, muy buenas tardes. Claro, con gusto, ¿de cuál? –Del que se toma. –Claro, ¿pero de cuál?, tenemos de todos los que…
El último lugar de un hombre
Los aldeanos de Darvaza me contaron que aquí es donde termina la vida. Que fue el Diablo quien ahuyentó a los geólogos que realizaban la excavación petrolera tras lanzarles bolas de fuego desde la oscuridad. Que el Rey de los…
Vérte/bras
La primera decisión que tomó me sorprendió gratamente. La oreja. Recordé a Manuel Ignacio en el colegio cuando me lamió esa misma oreja en clase de química... cómo me mojé aquel día. Desapareció por horas. Volvió por mi mano y…
Calor de cerillo
Dos pesos, pinche ruco mamón. Ni lo de las bolsas. Dos carritos llenos de chingaderas y me sale con «no traigo cambio, mijo». Mijo su pinche madre. Gracias a dios yo no tengo un jefe tan marro como este wey…
La sentencia
Era su piel de esas caricias que apenas se sienten alguna vez en la vida, una textura que despierta esos deseos ante los que estamos indefensos, que no pueden controlarse, que son una sentencia. Bastó el roce clandestino, torpe y…
Nada más triste
Con el filo de la navaja sobre su muñeca, Ana cambió de opinión: no iba a matarse, iba a matarlo a él. Sabía, siempre lo supo, que él no iba a quererla; nada haría que lo hiciera, ni el par…